Memoria de mis reencarnaciones

Fue sin duda una compleja sorpresa, darme cuenta un día, que siendo un fisicalista convencido, podía rememorar sin dar pie al trascuerdo, infinidad de vidas anteriores, no como un relato, sino como una ordenación temporal de sensaciones y emociones concretas.

No por ello requería, al menos en mi memoria que esas sensaciones estuvieran contenidas dentro de un envoltorio de piel blanca y pecosa. Es más, parecía recordar preferentemente el calor de una pechera emplumada o unas manos desdigitalizadas bajo una hidratada y carnosa aleta. No fui, sin embargo, capaz de recordar sensaciones complejas dentro de una armadura de quitina, que hiciera pensar en una vida explicada desde un punto de vista menor, digamos entomológico...

Pero si las vidas empalmadas una a otra deslumbrado por luces blancas entre las nieblas de un campo abierto, los lodos de una guerra o de una porqueriza, entre la mantas y los cueros de una tienda mugrienta, asmáticos gritos de impotencia de un asesinato más o menos cruento, tranquilas duermevelas abrazado a la persona indicada o mirando un rostro querido hasta atravesar sus facciones para ver a lo lejos "eso" que no nos inspira ninguna expresión. Laaaargo, largo invierno y coooorto, corto verano de sudor y brisas caprichosas con impresionantes, imprevistas, impetuosas lluvias torrenciales. Unos charcos con ondas que reflejan el gris de un aburrido nublado. O malolientes potros de tortura. Inesperados metales que nos atraviesan y nos roban el resuello sin saber cómo. Y dejar muchas cosas pendientes.... Cómo morir y cómo nacer, sin elegir pero padeciendo y disfrutando tanto... qué bien huelen las cosas que huelen bien. Qué bonito es el cielo por encima de todas las vidas. Eso lo recuerdo como algo común a todas las divisiones que he hecho de mi existencia.

Comentarios